domingo, 1 de noviembre de 2015

Psicología Forense. El niño y su familia

De nuevo, ¡hola a tod@s!

Hoy me gustaría hablaros de un tema de la Psicología Forense, del lugar que ocupa el niño en la familia. El marco familiar que tenemos actualmente es muy variado, siendo aún lo más corriente la estructura familiar nuclear: el padre, la madre y los hijos. Nos vamos a centrar en este marco.
La familia ha sido y es una institución de muchos años, de miles de años. En este marco institucional se ha acumulado mucha experiencia y mucha ciencia. La familia como institución a nivel social procura ordenar y normalizar el comportamiento de los grupos de individuos que viven en un país hacia un bien social para sus normas de conductas y costumbres. Otros ejemplos serían el gobierno, los servicios públicos, la escuela, etc.

En el ámbito de la familia hay ciertas necesidades básicas que deberían cumplirse para el bienestar del niño en un sentido psico-afectivo, social y cultural, me estoy refiriendo a que en este hipotético buen marco familiar hay necesidades fundamentales que todo desarrollo infantil exige, como por ejemplo un entorno familiar adecuado.
Al principio de la crianza es necesario que se dé un entorno familiar correcto y posteriormente es relativo o contingente, pudiendo prometer tal avance para los niños a medida que van creciendo y madurando biológicamente hacia la adultez. Cuando hablamos de entorno familiar adecuado nos referimos a que los padres se preocupen suficientemente de sus hijos, que les comprendan, que les cuiden en sus necesidades nutritivas, de descanso, de cobijo, protección, trabajo o juegos, etc.

Con estas necesidades básicas cubiertas aún tendríamos mucho trabajo que hacer y las diferencias en la crianza de los padres podrían ser compensadas desde la interacción de los hijos con sus padres. Decimos esto porque muchas veces se nos olvida que los niños no son un muro donde rebota todo lo que damos o un pozo sin fondo en el que no vemos ningún resultado. Es todo lo contrario, los niños son inteligentes, y una vez incorporadas estas necesidades básicas que les hemos proporcionado ellos serán capaces de compensar lo que los padres no puedan proveer como por ejemplo adquirir la capacidad de comprensión hacia sus progenitores, de desear con sus padres todo tipo de cosas, la satisfacción y agradecimiento hacia sus padres, y muchas otras necesidades que los niños han de madurar junto a sus padres en su desarrollo personal camino hacia su socialización. Y es así como los padres deben saber responder intuitivamente a las necesidades de sus hijos y los niños deben comenzar a regularse en la interacción familiar y asi ésta se constituiría funcionalmente como un marco familiar funcional adecuado.
Esta es una actividad empática y asertiva desde el marco familiar que empieza en un principio desde los padres y luego retorna de los hijos hacia los padres nutriendo aportaciones satisfactorias sentimentales y afectivas al marco familiar benéfico, éstas son las necesidades del dar y del recibir.
Es necesario hallar un encuentro familiar en estas pluralidades congregadas entre hombres y mujeres o niños y adultos. Los roles de cada miembro en el ámbito familiar deben poder fluir y activarse sin perjuicio de unos por otros. En este marco familiar tradicional los roles quedan bastante claros: la madre y el padre hacen sus respectivas funciones, el niño se identifica más con el padre y la niña se identificara con su madre. La relación entre hermanos [1] será fluida. En definitiva, el ambiente familiar que describimos será abierto, alegre, agradable y categóricamente acogedor. 

Ahora bien, habiendo hecho un resumen de las necesidades básicas en la crianza de los niños para que se dé un buen marco familiar, hablaré un poco de lo que puede ir mal en este mismo contexto: los padres patógenos.
Digo padres patógenos y no “marco familiar patógeno” por hacer una diferencia, que es la siguiente. Si hablo de este tipo de padres puedo decir que uno o los dos pueden perturbar y derrumbar este marco familiar [2] , pero de ninguna manera lo tomamos como padres indivisibles.
 
Podemos describir varios tipos de padres patógenos. Empezaremos por las madres para terminar describiendo a los padres.
     - Madre escrupulosa en exceso, ansiosa, que no sabe cómo actuar ante sus hijos. Ante la demanda de afecto de sus hijos la madre responde con un comportamiento perfeccionista y con reglas rígidas, asépticas o hiperordenadas.
     - Madre para quien el niño es objeto de satisfacciones que ella no ha encontrado en otra parte o en ningún lugar de su vida.
    - Madres cuyo odio es manifiesto. Son mujeres que no han aceptado el alumbramiento o que se decepcionaron con la llegada de un hijo que no era del sexo esperado.
 
Con respecto a los padres patógenos podemos citar unos cuantos ejemplos:
 
    - El padre ausente. Es un padre que presenta alteraciones por defecto de autoridad. Este concepto de falta de autoridad no sólo se refiere a la presencia del padre en el hogar. Un padre puede estar ausente (desaparecer) bien porque la madre está demasiado presente o porque se sienta incapaz de tomar responsabilidades. En ambos casos el niño no se siente seguro.
    - El padre rígido. Éstas son personas que se caracterizan por un exceso de moralidad, un exagerado sentido del deber, y una fijación u obsesión con el tiempo aprovechable. Quieren que sus hijos sean como ellos o más que ellos con respecto a los logros conseguidos en la vida.
    - El padre cruel. La crueldad y el odio son más frecuentes en el padre que en la madre. Ambos se caracterizan por un exceso de autoridad, por imposiciones arbitrarias o por la crueldad moral.
    - El paternalismo. Al lado del autoritarismo intolerante y de la violencia, al lado de la renuncia y el abandono, hay una conducta menos aparente pero también perturbadora y sofocante, el paternalismo. Al igual que el maternalismo, oculta su autoritarismo bajo la apariencia de un amor vigilante.
 
En resumidas cuentas, tanto si vemos padres que rechazan a sus hijos como padres sobreprotectores ambas actitudes plantean problemas para los niños. No obstante, estos tipos de problemas en la crianza no son suficientes para explicar una desorganización infantil, y en la clínica observamos una mayor complejidad de causas en la organización del marco familiar representado.
Asimismo, nos es difícil poder mostrar la madre o el padre ideal. Sin embargo tenemos en cuenta que unos padres pueden ser suficientemente buenos si pueden conservar su espontaneidad intuitiva como sentir las necesidades que tiene su hijo facilitando respuestas adecuadas a su demanda. Los padres ideales no son padres obligatoriamente permisivos a priori, tampoco rígidos, pero aseguran una cierta continuidad a los requerimientos que se presentan en este marco familiar día tras día. Por último, estos padres “ideales” sabrían mantener una cierta distancia delante de una posición critica (psicológicamente normal) de un niño determinado, en una época de terminada.
 
Para terminar, diríamos que el potencial patógeno de los padres y de la familia (abuelos, primos, etc.) se reparte de una manera fija entre los hijos y la vida familiar. La familia confiere una forma determinada al desarrollo psicológico de los niños y ningún marco familiar asegura totalmente o al 100% la salud mental de nuestros hijos. Por lo tanto, entendemos que hay unos mínimos que cumplir para que se dé un funcionamiento familiar lo suficientemente bueno.

David Norberto Gascón Razé. Psicólogo en Madrid 
Tel: 636 55 45 62 
Email: dnd.gascon@cop.es

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[1] Si buscamos sinónimos para este vocablo, encontramos palabras como: fraterno, compenetrados entrañables, íntimos, etc. Todos son sinónimos que nos apuntan a una ambiente familiar acogedor, y si hablamos de la relación con un bebé sería un trato dulce, suave, delicado. Estas actitudes también podríamos incluirlas dentro de un marco familiar propicio.

[2] Un marco familiar patógeno en el que podríamos pensar podría ser el de las familias mafiosas. En estos grupos familiares la violencia, el asesinato y todo tipo de conductas antisociales desarrollan unas sociedades criminales que se alejan mucho de nuestro “marco familiar”. Un ejemplo podría ser la serie de televisión Los Sopranos, una familia que no pueden pasar por personas normales. Sin embargo, el jefe de la familia, el Capo de tutti i capi, que a su vez es padre de familia, hace un tratamiento psicoterapéutico con una psiquiatra con unos resultados bastante buenos, el poder analizar (poder hablar) sus tendencias sádicas, su intemperancia o su rabia. Este tipo de padre coincide someramente con la descripción que hacemos más abajo sobre el «padre cruel».