viernes, 15 de enero de 2016

Psicología Forense. Acoso escolar





Hoy me gustaría hablaros de un tema muy cercano a la Psicología Forense como es el acoso escolar. Esta es una materia que comparten muchas circunscripciones profesionales desde su enfoque científico específico (aparte de las fuerzas del orden) como por ejemplo la psicología, y de una especialidad de ésta, la Psicología Forense[1].

En un artículo anterior en este blog comentamos la violencia de género. En esta situación de acoso escolar también intervendrían los juzgados por las leyes de protección que poseemos para nuestros menores[2], y hubiéramos explicado que en un Juzgado de Familia de Madrid (o cualquier parte de España), habría una intervención por parte del juez para evitar males mayores; y si hubiese niños por medio, la intervención se haría más necesaria y rápida ante los problemas de: una pareja conyugal en casa, en el barrio, en las áreas recreativas o en el colegio ante la violencia de niños contra niños.

En todos estos casos de acoso escolar tenemos mucho que perder, muchas veces reflejo, pero no siempre, de lo que ocurre en el entorno familiar. Ya que estos niños maltratados soportan en su fuero interno muchos tipos de emociones nocivas como la tristeza, el miedo, la culpa, la vergüenza, el dolor, el odio o la negación. Muchas veces tenemos un verdadero “punto ciego” en nuestra idealización de la infancia, y no vemos que estas acciones privan al niño de sus derechos y de su bienestar, interfiriendo en su adecuado desarrollo físico, mental y social. Este “punto ciego” del que he hablado, también lo comparten en mi opinión, muchas de las instituciones (los poderes públicos) a las que confiamos nuestros niños, como son los jardines de infancia, el colegio o el instituto.

Estas instituciones legales de la educación, responsables de nuestros niños cuando están fuera de casa han de procurar evitar cualquier amenaza de daño físico en el menor en el aula o a la salida del colegio (o del instituto) como son por ejemplo: Cortes o pinchazos, heridas por objetos punzantes, torceduras, fracturas de huesos, señales de mordeduras humanas, golpes en cuerpo o cara, moratones. Estos son algunos ejemplos del maltrato en el que se ven los niños afectados por el acoso escolar. Es un maltrato físico y una conducta muy negligente si los educadores permiten que estos comportamientos se desplieguen sin límite; y que por otra parte, son pautas conflictivas porque pueden ser conductas delictivas, impulsivas o agresivas, o de cualquier otra conducta socialmente inadecuada que se precie[3]. Con respecto al maltrato emocional que los niños pueden hacer unos contra otros, podríamos decir resumidamente que son sentimientos de dolor moral (dolores invisibles de la infancia) que se materializan por: Hostilidad verbal (crónica) en forma de insulto, desprecio, crítica…; constante bloqueo de las iniciativas de interacción infantiles (rechazar, aterrorizar) y privación de oportunidades de interacción social (aislamiento, confinamiento) , etc. Todas estas “guerras” en las que se meten los niños descuidan las necesidades de los chavales tanto si son las víctimas como si son los verdugos, porque en ambos “bandos” van a padecer de dificultades escolares como impulsividad o agresividad; en definitiva, en un deterioro de su salud mental. Por supuesto que la escuela tiene una responsabilidad importante en este asunto, aunque el mayor peso recae, en nuestra opinión, en el vínculo de parentesco que la Ley concede como Patria Potestad, que consiste en velar por sus hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos (mandarles al colegio), procurarles una formación integral y representarlos y administrar sus bienes muebles o inmuebles (Art. 154 del Código Civil).

Resumiendo, el acoso escolar (en inglés se llama bullying) es una forma de maltrato, que tiene consecuencias deteriorantes a nivel psicológico o físico, muchas veces subrepticiamente,
es producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula como a través de las redes sociales (fuera del aula). El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar. Los daños emocionales son los que pasan más desapercibidos. Se genera un ambiente escolar viciado de terror que en algunos casos, por la dureza de la situación, puede acarrear pensamientos de suicidio e incluso su realización. Consecuencias propias de dicho hostigamiento. Muchos de estos casos los vimos publicados en prensa el año pasado. Por ello, el entorno escolar es muy importante a la hora de identificar este problema, que como vimos, se puede dar en muchos entornos de la convivencia del niño con el mundo.


Hablamos de una prevención primaria cuando nos situamos en el entorno de las aulas, cuya responsabilidad recae en la figura de los profesores y de los padres, que no actúan por negligencia, omisión o ausencia, en la intervención para prevenir y educar democráticamente y no autoritariamente, de la sociedad en conjunto (leyes y normas morales) y de los medios de comunicación o redes sociales. Una prevención secundaria sería tomar medidas concretas con los niños o adolecentes; y sobre la población directamente vinculada con ellos, el profesorado (incorporando psicólogos y educadores a los centros de enseñanza para que reciban los docentes una formación mínima y suficiente para la prevención de conflictos escolares). Y una prevención terciaria, con medidas de ayuda a los protagonistas de los casos de acoso escolar, orientando a los niños hacia una psicoterapia. En los casos de que existan secuelas psíquicas en los niños que vulneren sus capacidades psicoafectivas a consecuencia de diagnósticos como el Trastorno de Estrés Postraumático, la Depresión o Trastornos del Ánimo a medida que se hacen mayores.

Por último me gustaría indicar, para una mejor comprensión de este tema, una posible perspectiva de porqué suceden estas cosas en el desarrollo del niño en su esfuerzo por crecer y apartarse poco a poco de esos primeros momentos de su venida al mundo, que como todos sabemos, para todo niñ@ son comienzos de inmadurez, debilidad, dependencia y de exposición a grandes peligros. La actividad de crecer es muy laboriosa pues todos tenemos que construirnos nuestra propia inteligencia, hacernos de una representación del mundo que nos rodea, convertirnos en personas autónomas y de poder relacionarnos con otros para poder trabajar en puestos como hombres o mujeres entre sus semejantes. Muchas veces el esfuerzo de crecer tiene una cara oculta en este desarrollo infantil, y no estamos muy familiarizados con estos aspectos en los que muy brevemente en este artículo intenté desarrollar. Si pudiéramos elegir una palabra clave para este tema sería: “la pelea por…”. Desde esta perspectiva, la de convertirse en un individuo adulto, observamos esta especie de “pelea” — ahora en sentido metafórico— como cuando un niño con pocos meses de vida “pelea” con su chupete para llevárselo a la boca, o cuando intenta pronunciar sus primeras palabras con gran esfuerzo por dominar los sonidos, que a base de ensayo y error encuentra dar nombre a los objetos. Ya en el colegio, los niños empiezan a funcionar fuera del ambiente familiar (o ambiente de los adultos) y a empezar a hacer amigos para comenzar a encontrar comprensión, apoyo e integración en la siguiente fase generacional, muchas veces distintos a las de sus orígenes sociales; todo esto es un esfuerzo considerable del desarrollo humano. Muchas veces este desarrollo ocurre de una manera natural y espontánea, no sólo por temas ambientales sino por la capacidad interna de participación activa que cada niño tiene de por sí. Es un trabajo psicoafectivo que se suma al trabajo escolar que todos los niños comienzan en su infancia; y esta tarea es tan válida como cuando les vemos jugar con sus compañeros de clase (o con sus juguetes), que en condiciones adecuadas son conductas beneficiosas para su crecimiento como el gusto de aprender o de hacer cosas realizando tareas creadoras para construirse a sí mismo; y repito, desde un esfuerzo considerable por parte del niño. Hay muchos problemas a superar, con lo ya dicho, añadiríamos el aprendizaje de la escritura con la adquisición de la motricidad fina que se consigue a base de un largo entrenamiento continuo y duradero… Problemas motores que se van superando con la madurez perceptiva, la memoria y la comprensión. 

Por otra parte, con los juegos con los compañeros de clase, aprenden el juego de reglas que todavía no dominan (desarrollo moral, el pensamiento, o el desarrollo físico o motor… etc.), también aprenden a adoptar el punto de vista del otro, a cooperar y a competir. Y todo esto se da con bastante esfuerzo, que si para algunos niñ@s se dan con desánimo, abatimiento o desaliento, podría ser un sufrimiento considerable aprender en la escuela. Muchas veces los afectos de agresividad se establecen por las diferenciaciones individuales[4] y no por actos psicopáticos u otras razones más complejas de explicar. A los niños, también tenemos que educarles en este sentido, de canalizar sus sentimientos de odio, frustración o aburrimiento de la manera más constructivamente posible. Muchas veces, los cuentos infantiles, como el de Pinocho en nuestro ejemplo, les ayuda a comprender estos aspectos difíciles de la experiencia humana, muchas veces a través de la persuasión, resolviendo los “atolladeros” de los conflictos emocionales que de vez en cuando sorprenden a los niños en su camino hacia la madurez[5]. Por tanto, si hemos de sumar al desarrollo infantil unos traumas tempranos, prematuros, el niño aún inmaduro (porque su fortalecimiento del "Yo" aún está en desarrollo) tendrá dificultad para controlarlo. En esta acción conjugada del desarrollo infantil de lo constitucional y lo accidental ( el acoso escolar), dejará un trauma más o menos intenso (o muy severo) que llevará a la fijación de estos acontecimientos dejando una secuela a modo de perturbación en el desarrollo.
 


-----------------------------------------------------------------------------------
1.Sin olvidarnos de los Psicólogos clínicos, Psicólogos educativos, Psicopedagogos, Educadores, etc…
2.Como por ejemplo, a nivel de legislación internacional, tenemos: La Convención de los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas (aprobada el 20 de Noviembre de 1989, ratificada por España el 30 de noviembre de 1990), o El Convenio de la Haya relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción (ratificada por España el 30 de junio de 1995. A nivel de legislación nacional, está: La Constitución Española, de 1978, señala la obligación de los padres de prestar asistencia de todo orden a sus hijos y a la obligación de los poderes públicos de asegurar la protección social, económica y jurídica de la familia, así como la protección integrar de los hijos, y la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor, y Código Civil (regula las relaciones paterno-filiales), y Código Penal que es el marco que protege a los menores víctimas y persigue la responsabilidad criminal de adultos contra adultos, de adultos contra niños o de niños contra niños (Artículo 450 del CP, cuando se desvelen hechos que puedan ser considerados delictivos que afecten a las personas en su vida, integridad o salud, libertad o libertad sexual. También Cuando se detecte situación de riesgo o posible desamparo de un menor. Cuando se tenga conocimiento de que un menor no está escolarizado o no asiste al centro escolar de forma habitual y sin justificación, Art. 13 Ley 1/96 de Protección Jurídica del Menor). Y por último, en nuestra comunidad de Madrid tenemos: Ley 11/2003 de 27 de marzo de Servicios Sociales de la CAM.
Ley 6/1995, de 28 de marzo, de Garantías de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, prioriza la acción preventiva y el interés superior del menor. Ley 2/1996, de 24 de junio, para la creación del
Instituto Madrileño del Menor y la Familia (el IMMF). Y por último la Ley 18/1999, de 29 de abril,
reguladora de los Consejos de Atención a la Infancia y la Adolescencia en nuestra Comunidad de Madrid. Como vemos, no somos un país tercermundista, poseemos muchos servicios de protección, como el ya nombrado IMMF (Instituto del Menor y de la Familia), el CAI (Centros de Servicios Sociales Especializados), Centros de Servicios Sociales Generales, el CTM (Comisión de Tutela del Menor).
3.Dispositivos de emergencia para menores como el GRUME (Grupo de Menores de la Policía Nacional) Telf.: 91 493 11 80. EMUME (Grupo de Menores de la Guardia Civil) Telf.: 91 514 69 79 , Agentes Tutores de la Policía Municipal de Madrid, Telf.: 91 480 44 66, 77 / E-mail:agentetutor@munimadrid.es). Y el ya mencionado Instituto Madrileño de la Familia y el Menor (IMMF) con el teléfono 91 580 34 64 .
4.Por ejemplo, lo que le ocurrió a Pinocho en el colegio fue porque era un niño diferente y por ello lo acosaban en clase, se metían con él algunos niños que luego irán a la Isla de los Placeres, simbolizando a niños malos y perezosos difíciles de educar. Algo parecido también le ocurrió en el trabajo, con Stromboli, el titiritero que obligada a Pinocho de manera cruel a trabajar sin parar, este personaje representa la avaricia. Con respecto a El Honrado Juan y su compinche Gedeón engañan y llevan al inocente Pinocho por el camino fácil de la vida (en apariencia, mucho más entretenido que ir a la escuela), representando el mal y la tentación, enseñándole el aspecto más feo de la sociedad.
5.Recordemos la excelente película de "Forrest Gump", otro niño diferente, que como decía su mamá, por una diferencia de cinco puntos en su C.I. con respecto a los mínimos exigidos para estudiar en el cole, no debería privarse de la oportunidad de recibir una educación normal. 


David Norberto Gascón Razé. Psicólogo en Madrid  
Tel: 636 55 45 62 
Email: dnd.gascon@cop.es